Lectura: Errores de las novelas de detectives
Errores de las novelas de detectives (fragmento)
G. K. Chesterton
G. K. Chesterton
Es un hecho bien conocido que la gente que jamás ha tenido éxito en nada termina escribiendo libros sobre cómo tener éxito; y no veo por qué dicho principio no podría aplicarse al éxito al escribir novelas de detectives igual que a otras ocupaciones
más bajas y menos gloriosas.
Antes de hacer ninguna crítica de los relatos de misterio, me parece justo confesar que he escrito algunos de los peores del mundo. Pero, aunque el resultado fuese tan bajo, puedo jactarme de haber actuado movido por los motivos más elevados y de haber seguido el
divino principio de la regla dorada. Les hice a los demás lo mismo que quería que ellos me hicieran a mí: proporcionarles novelas de crímenes con la vaga esperanza de que ellos a su vez me las proporcionaran.
Arrojé mi misterio a las aguas, por así decirlo, con la esperanza de que me lo devolviesen al cabo de un tiempo con un título totalmente distinto y una historia mucho mejor. En la novela de detectives la división del trabajo se lleva a cabo entre el lector y el novelista. Puede que alguien responda agudamente que la parte más pesada de dicha labor recae sobre el lector. Tal vez sea cierto, sobre todo en esos tristes ejemplos a los que acabo de referirme. Pero, en cualquier caso, lo cierto es que dicha división es consustancial a la propia naturaleza de la novela de detectives. Si uno las escribe, no puede leerlas; y si quiere leerlas, no debería escribirlas.
Es evidente que nadie puede quedarse sorprendido al final con una revelación que lleva planeando desde el primer momento; igual que no puede mostrarse perplejo e inquisitivo sobre la ocultación de algo que él mismo se esfuerza por ocultar. No puede sorprenderme descubrir que el obispo era un granuja, si previamente me he dedicado a disfrazar al granuja de obispo. El poeta puede leer sus poemas, pero el escritor de novelas de misterio no puede sorprenderse con sus propias sorpresas.
En todo caso, si me dispongo a pontificar sobre las novelas de detectives, en parte es porque veo por doquier los anuncios de la versión teatral de una de las mejores que he leído: El misterio del cuarto amarillo, y también porque acabo de releer
esa excelente novela francesa en su forma original.
No he visto la obra de teatro, aunque he oído que es un gran éxito, sin que eso signifique, por la propia naturaleza del problema, que una buena novela de misterio pueda convertirse en una buena obra de teatro. De hecho, desde un punto de vista abstracto, ambas cosas son casi antagónicas. Son dos formas de ocultamiento exactamente opuestas, pues el teatro depende de lo que se ha dado en llamar la ironía griega, es decir, del conocimiento
y no de la ignorancia del público. En los relatos de detectives es el héroe (o el villano) quien sabe, y quien se ve engañado es el que está fuera. En el teatro, el que está fuera (o el espectador) sabe y el engañado es el héroe. En un caso se oculta un secreto a los actores y en el otro al público. Pese a todo, se ha hecho probable que ahora haya ocurrido lo mismo.
Pero releer la novela, y no sé cuánto más mucho peores del mismo género, me ha impulsado a ofrecer algunas sugerencias generales sobre los verdaderos principios de esta forma popular de arte. No pretendo hablar con superioridad de los relatos inferiores. Me encantan las novelas baratas: he leído y escrito muchas. Pero, incluso en eso, sigue habiendo clases; y sería más fácil que nos entretuvieran si quienes las escriben supieran cómo hacerlo. Hay ciertas falacias sobre la naturaleza de la auténtica novela de misterio que me parecen muy extendidas tanto entre los escritores como entre los lectores.
Pero me gustaría que se entendiera que, si me atrevo a señalar dichos errores, lo hago desde mi papel de lector relativamente honroso y orgulloso, y no desde el más rastrero y
servil de escritor de ese tipo de novelas…
[G. K. Chesterton (2011). “Errores de las
novelas de detectives”. En Cómo escribir
relatos policíacos. Barcelona: Acantilado.
87-91.]
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